Reencuentro

Reencuentro

IZAN

Nunca imaginé que hacer una mudanza tendría tanta dificultad. Desde que abandoné la casa de mis padres no había vuelto a cambiar de residencia ni una sola vez; y en aquella mudanza, digamos, mis padres se encargaron de prácticamente todo el trabajo duro. Cualquiera hubiera pensado que estaban deseando que me largase de casa... Yo únicamente tuve que mover mi culo de un sofá a otro.

Y entonces, después de siete años de cómoda tranquilidad, tuve que levantar el vuelo de nuevo, y esta vez no pude contar con la ayuda de mis padres.

Os juro que si llego a saber todo el trabajo que acarrea una mudanza, no hubiera aceptado la oferta de empleo. Bueno, no es cierto, sí que la habría aceptado sin dudar. Por fin lo había conseguido: después de mucho luchar, al final tendría un puesto en la mejor galería de arte de Nueva York.

Ese pensamiento era el que me hacía serenarme cada vez que miraba la gran cantidad de cajas vacías que tenía apiladas en el salón, a la espera de ser llenadas con ciento y una cosa que tenía en el apartamento. Intenté ser organizado y seguir un patrón definido para conservar un cierto orden que me ayudase a la hora de instalarme en mi nuevo hogar.

Comencé por guardar los cuadros y mis trabajos. Era lo más importante, y debía hacerlo con sumo cuidado. No me habría gustado estropear nada. No es porque lo diga yo, pero soy un excelente pintor, un magnífico artista, y por fin mi trabajo comenzaba a ser valorado como merecía. A lo largo de mi corta vida he tenido que renunciar a toda clase de cosas para centrarme en mi trabajo, en mi arte. Todavía recuerdo aquella noche en Madrid, en la gran sala de exposiciones. Me costó un mundo hacerme un hueco, la de favores que tuve que pedir, y al final resultó ser el destino. Sí, seguro. Fue el destino el que me llevó hasta ella, a madame Segré, la más grande entre los grandes entendidos en arte de este universo. Y fue el destino el que hizo que se enamorara de mi trabajo, el que obró para que me escogiese a mí de entre todos, y el que me hizo el hombre más feliz de este mundo.

Por cierto, me llamo Izan. Encantado de contaros mi historia.

ARA

Nueva York... ¡Allá voy! ¡Yuhuu! El cielo se había puesto de mi parte al fin. Ya era hora de que pasara algo bueno en mi vida. Tanto pesimismo como tenía al final se tornó en suerte o, mejor dicho, en recompensa. Tres años seguidos siendo la mejor periodista de toda la revista tuvo sus frutos. Trabajaré hasta que me muera en Vanity Fair, seré la mejor una y mil veces hasta que me haga tan inmensamente rica como Rowling y pueda irme a darle vueltas al mundo.

Es muy hermoso soñar despierta, pero me marcho a Nueva York para perseguir mi sueño, que, aunque no sea precisamente ese, se le parece bastante.

Me ha bastado una tarde para empaquetar todas mis cosas. Todo ordenadito, cada cosa donde debe. Solo me ha quedado una cosa por guardar o, más bien, por tirar a la basura con las cosas inservibles. No sabía que guardaba una caja de zapatos encima del armario, y es que era complicado verla por la gran cantidad de mantas y edredones que la cubrían. Mayor fue la sorpresa al descubrir que no eran unos preciosos zapatos de época de la marca Louboutin -me encanta soñar chorradas de estas, os aviso-. No, en su interior había un viejo móvil. Mi viejo móvil, el primero que tuve. ¡Qué recuerdos! Si tenía hasta teclas y todo.

Intenté encenderlo pero, como es natural, no lo conseguí. No sé por qué razón imaginé que después de siete años al darle al botoncito rojo se iluminaría sin más. Pero no. Lo siguiente que hice fue volver a mirar en la caja por si estaba el cargador, pero como no estaba, la elección fue sencilla: a la basura. Como no estaba muy lejos de la papelera, probé a recordar mis dotes de jugadora de básquet en el instituto, me preparé, apunté, hice dos amagos, un dribling, y ¡lancé a canasta!

Y fallé... tanto que el móvil quedó hecho añicos y con varias partes diseminadas por todo el suelo. Una masacre. Tuve que agacharme para recoger los trocitos del desdichado, y entonces descubrí que tenía una tarjeta de memoria. Decidí guardarla para ver lo que tenía, si es que aún conservaba algo. Por la mañana cogería el portátil y cotillearía un poquito antes de partir hacia el aeropuerto.

Bueno, que no me he presentado. Me llamo Ara, y es un placer que me leáis.

IZAN

¡Dios! Dos días enteros me llevó terminar con las dichosas cajas. ¿Pero cómo podía haber tantas cosas en un apartamento tan pequeño? Lo último que dejé para empaquetar fue el armario que hacía de trastero. Era muy probable que llevase cerrado desde el día que me mudé, y no tardé en comprobarlo. Abrí muy despacio la puerta. Me di cuenta de que mi teoría de estudiante no había funcionado. ¿Que qué teoría? Pues aquella que dice que si no abres nunca un armario, tampoco podrá entrar la suciedad en su interior. Esa teoría se fue al traste en el mismo momento en que abrí y el olor a cerrado me abofeteó en todo mi olfato, y las motas de polvo comenzaron a volar en pos de su libertad haciendo que no pudiera dejar de estornudar en un buen rato.

Después de pasar aquel mal rato, me alegré al comprobar que todo lo que había allí dentro estaba guardado en cajas. ¡Bien! Un trabajo menos. Tan solo tuve que quitar el dedo de polvo que las cubría y listo. Abrí un par de ellas para ver qué contenían, y mi sorpresa fue mayúscula al ver que se trataba de apuntes de la facultad. ¿Para qué diablos necesitaba yo eso? Para nada, así que decidí bajar las cajas a la basura. Tuve la genial idea de llevarlas todas de una vez, apiladas una sobre otra. Total, no pesaban mucho y eran cinco nada más. Hasta ahí todo bien, pero no conté con el factor equilibrio y no llegué ni a la puerta del apartamento. Por suerte, solo cayó la de arriba, desparramando los apuntes por el suelo. Decidí bajar las cajas que llevaba y después volvería para recoger el estropicio.

Cogí todos los apuntes en un solo montón, y entonces cayó una foto al suelo. La foto de una chica a la que hacía más de siete años que no veía.

Los recuerdos me invadieron. Estuve loco por aquella chica, perdidamente enamorado de ella, y fui tan cobarde que la dejé marchar sin decirle nada. ¿Qué habrá sido de ella? ¿Seguirá en Málaga? ¿Tendrá pareja? Pero ¿por qué pienso ahora en estas cosas? Seré tonto...

Guardé la foto en el bolsillo de mi cazadora y cerré la maleta. Todo estaba listo. La maleta y las catorce cajas estaban preparadas para que se las llevara la empresa de mudanzas. Con suerte llegaríamos al mismo tiempo a mi nueva morada: un precioso loft en pleno Manhattan, cortesía de madame Segré.

ARA

Me levanté temprano para comprobar que todo estaba listo para cuando la empresa de mudanzas llegase a por mis cosas. Tras bajar a por el desayuno -no pude evitar subirme un café con leche y unos dónuts americanos rellenos de chocolate-, encendí el ordenador y metí la pequeña tarjeta de memoria que encontré la noche anterior. Para mi sorpresa solo pude rescatar una fotografía en buen estado, y encima no era una foto de nadie, tan solo había fotografiado un trozo de papel con un número de teléfono escrito y un nombre.

¡Vaya! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué habrá sido del tímido morenazo de ojos azules?

Qué tiempos aquellos. Tanto tiempo que pasamos enfrente el uno del otro y jamás fue capaz de decirme ni pío. Y apostaría mi armario a que yo le gustaba a ese chico, pero tímido él y tímida yo... los dos como pasmarotes. ¿Se lo habrá ligado alguna? Seguramente sí, era un chaval tan mono...

Cerré el portátil y lo guardé en el maletín. Todo estaba listo. Los de la mudanza habían llegado, así que en cuanto cargaron todo cogí mi maletín, metí a Ovillo en su jaula para viajes y el taxi me llevó al aeropuerto. Catorce horas de vuelo separaban mi insulso presente y mi prometedor futuro. Cogí mi móvil para ver de nuevo las fotos del precioso loft que la revista me había proporcionado para que me instalase. Estaba superilusionada, iba a cumplir uno de mis sueños desde que era pequeña: vivir en Manhattan y salir a pasear todos los días por Central Park.

¡Ey! Otra vez la foto del número... Ovillo, ¿tú qué harías? ¿Llamarías a ese número para ver qué ha sido de su vida? Me empeñaba en preguntarle de todo, a pesar de que siempre me contestaba con un escueto miau.

Bueno, ¡pero qué maleducada soy! No os he presentado a la mascota de mis amores, a mi gatito. Se llama Ovillo y siempre está a mi lado en los buenos y en los malos momentos. Y por eso se viene a Nueva York conmigo, porque somos inseparables.

IZAN

Me encanta Manhattan. Siempre soñé con vivir en este lugar. He de confesar que no tenía ni idea de lo que era un loft, pero la verdad es que me gusta. Es demasiado moderno para mi gusto, pero me acostumbraré; después de todo voy a vivir a todo trapo de aquí en adelante.

Voy a deshacer la maleta y a vaciar alguna de las cajas. Estoy deseando salir a pasear por Central Park y aprovechar el día tan bueno que hace. Al colgar la cazadora he vuelto a encontrar la foto de aquella chica. ¿Seguirá siendo tan guapa? Seguramente sí, las chicas no cambian tanto con el paso del tiempo. Las del instituto que he visto hace poco siguen exactamente igual, mientras a nosotros nos ha pasado de todo, a algunos más que a otros; hay quien es hasta difícil de reconocer. No puedo evitar reírme. Dejo la foto en el cajón de la mesita y me dispongo a salir. Me aseguro de coger las llaves, la cartera y el móvil.

Al abrir la puerta para salir me encuentro con la vecina de enfrente. Lleva varias bolsas de papel cogidas en brazos, de esas tan típicas en Estados Unidos, mientras con la otra mano intenta abrir la puerta. Su pelo es largo, de un color caoba muy llamativo, y tiene un cuerpo bastante atractivo, mayormente acentuado por esa bonita falda de color beige. Como soy un caballero, pregunto:

--Hi, can I help you?

La chica no se gira siquiera; en ese mismo instante acierta con la cerradura y la puerta se abre.

--Not necessary, I can myself, thanks -me contesta con una voz muy dulce y con un acento bastante peculiar. Me gusta su voz, es muy sugerente.

--Well, see you soon!! -le contesto mientras comienzo a bajar las escaleras.

--Bye! -me vuelve a decir con esa voz tan melosa. Me acabo de enamorar de esa voz.

Hace un día excepcional, el sol resplandece, la temperatura es genial y Central Park está lleno de gente haciendo running, paseando, con los niños, jugando. No puedo evitar poner los brazos en cruz y gritar: «¡Sí! ¡Aquí estoy!». Dirijo mi paseo hasta un pequeño quiosco de madera que parece tener de todo. Voy a comprar la prensa del día; quiero integrarme en la vida de la ciudad cuanto antes. Compro el New York Times y un par de globos con los colores rojo y amarillo. Abro allí mismo el periódico; estoy acostumbrado a leer de pie la prensa, supongo que es una costumbre adquirida del metro. Al poco oigo una voz cerca de mí que me resulta familiar.

--How much is this bouquet?

Bajo un poco las hojas del periódico y miro disimuladamente, pero un enorme ramo de flores oculta el rostro de la mujer. Solo cuando se gira y echa a andar reconozco la falda y el caminar tan sexy de mi nueva vecina. No puedo evitar sonreír. Ya la conoceré más adelante, lo primero es preparar todo para mañana, para el gran día, para mi gran día.

Tras el paseo vuelvo a casa, me doy una buena ducha y me dispongo a meterme en la cama. Mañana hay que ponerse en pie muy temprano. Mi nueva vida está a horas de comenzar.

ARA

Ahora que estoy aquí ni me acuerdo del suplicio de pasar tantas horas en el avión. ¡No me puedo creer que esté en Manhattan! Y el loft es precioso. Me encanta. Es incluso más moderno que mi casa de Málaga, y la decoración minimalista es sencillamente genial. Me ha llevado un buen rato, pero ya está todo desempacado, todo colocado en su sitio, y yo aquí, sentada en la cama mirando por la ventana. Puedo ver casi todo Central Park desde mi habitación. Es inmenso, es maravilloso.

Empiezo a notar el gusanillo de nuevo, tengo algo de hambre. No me lo pienso dos veces, cojo mi bolso y bajo hasta la calle. Cuando he llegado he visto una pequeña tienda de ultramarinos muy cerca del bloque de lofts. Compro zumos, batidos, masa para tortitas, algo de bacon y huevos, unos dónuts, una botella de agua y un par de cosas más, tanto que lleno a rebosar dos bolsas de papel -tan típicas de los yanquis, por cierto- y vuelvo al loft. Sostengo las bolsas con un brazo, como buenamente puedo, mientras intento abrir la puerta con la otra mano. En ese momento oigo cómo abren la puerta del apartamento de enfrente. ¡Cachis! ¡Ya casi había entrado la llave! Alguien me habla por la espalda. Es la voz de un hombre joven, una voz muy masculina pero tierna.

--Hi, can I help you?

¡Vaya! Tenemos a todo un caballero como vecino. Con un acento algo raro, eso sí. La llave por fin entra y la puerta se abre. No puedo girarme para saludar o se me caerán las bolsas, así que le contesto amablemente:

--Not necessary, I can myself, thanks.

El vecino entiende a la primera y oigo un «well, see you soon!!» mientras comienza a bajar por las escaleras. «Deportista también», pienso, y suelto un «bye!» con una vocecita más propia de una jovencita que coquetea.

Coloco la compra y entonces pienso que es buen momento para bajar a Central Park a pasear un rato antes de volver y descansar. No me voy ni a cambiar; además, me encanta esta falda.

Hace una tarde estupenda para estar fuera, el tiempo es celestial y la luz lo domina todo. Veo un puesto de madera muy coqueto con unos preciosos ramos de flores. Me acerco al puesto; hay un par de chicos comprando chucherías y un señor de pie leyendo un periódico. Escojo un ramo de violetas y amapolas y le pregunto al tendero:

--How much is this bouquet?

El tendero me indica con la mano abierta que son cinco dólares. Cuando estoy pagando siento la mirada del señor del periódico, pero no puedo verlo porque las flores lo ocultan a mi vista. Bueno, qué más da, tiene derecho a mirar a una chica tan guapa como yo. Me marcho a casa, pongo las flores en un pequeño jarrón improvisado con un vaso alto y después de ducharme me meto en la cama. Mañana será mi gran día.

IZAN

Me va a costar un poco acostumbrarme a madrugar tanto. Abro el cajón de la mesita buscando mi reloj y vuelvo a ver esa foto. Juraría que esta noche he soñado con esta chica. ¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza? Espabila, Izan, hay que marcharse ya. Cojo los globos y escribo una pequeña nota. Bajo rápidamente las escaleras, casi de tres en tres escalones, y al llegar al portal busco el buzón del 4º B. Anudo los globos y dejo la nota. ¡A trabajar!

ARA

Suena el despertador del móvil. Me pongo a dar manotazos a diestro y siniestro. Me siento desorientada todavía en mi nueva cama. No sé cuántas veces le habré dado al móvil, pero el caso es que, cuando lo he mirado, la imagen que aparecía en pantalla era la de la foto de la nota. Creo que he soñado con él esta noche. Estás perdiendo la cabeza, Ara. Hora de irse a la oficina. Antes de marcharme, tengo que hacer algo. Cojo las flores, escribo una nota y las dejo en la puerta del vecino. Let's go!

LA NOTA

«Hello!! I'm your new neighbor. I'm from Spain...».

IZAN

El gran día ha llegado. Toda mi vida soñando con este momento y aquí estoy, a unos pasos de cumplir mis deseos. La vida por fin me sonríe. Mis cuadros, mis obras, mi sueño, expuestos en la mejor galería de arte del mundo. ¡Por fin! No puedo explicar la sensación que experimenté al cruzar la puerta del edificio. Me sentí importante, grande, especial. La fama estaba a mi alcance, y, sin embargo, solo había un pensamiento en mi cabeza: aquella foto, aquella chica... Pero ¿por qué después de tantos años? Me estoy volviendo majara.

El día ha sido genial, nunca pensé que se venderían tantas obras. Madame Segré está encantada conmigo, se le nota en la forma en que me mira; se refleja el orgullo en su cara. Tanto que me ha insistido hasta la saciedad para que les acompañe a una fiesta privada al cerrar la galería, y no he podido negarme. Lo habría hecho, estoy bastante cansado, pero no puedo dejar pasar la ocasión de codearme con la gente importante de Nueva York.

Los globos siguen en el buzón. ¿No los habrá visto? El ascensor sube tan despacio que me parece que me voy a quedar dormido apoyado en la pared. ¡Dios! Las tres de la madrugada y mañana a madrugar de nuevo. La gente de Nueva York tiene bastante más aguante que yo. Cuarta planta, por fin. Salgo del ascensor y me encuentro en mi puerta un bonito ramo de flores. Miro a un lado y a otro, como si a esas horas fuese a haber alguien por el pasillo. Hay una nota. «Hello!! I'm your new neighbor. I'm from Spain... too». Anda, parece que alguien ha añadido una palabra más. No puedo evitar sonreír. Está claro que ha leído mi nota, ese "también" en rojo la delata... Esto sí que es una casualidad. Mi vecina de enfrente es también de España. El mundo es un pañuelo. Me giro hacia su puerta. Si no fuese tan tarde tocaría, pero no son horas, y estoy muy cansado. Mañana haré por verla. Entro en casa y busco un vaso grande para poner las flores. Mañana compraré un jarrón por algún sitio. Hora de irse a dormir.

ARA

Casi llego tarde el primer día. He tenido que salir por la parte de atrás del edificio para ganar tiempo. Me di cuenta ayer de que la puerta de emergencia viene a dar enfrente de la parada de taxis. Me siento tan feliz e ilusionada que me dan ganas de gritar de felicidad. Juro que si no me fuesen a tomar por loca me pondría a gritar mientras corro y salto por toda la oficina. ¡Dios! ¡Tengo un despacho para mí sola! Y vaya vistas... La enorme ventana del despacho da a la mismísima Quinta Avenida. A veces creo que en cualquier momento voy a despertar y ponerme a llorar al ver que es todo un sueño, pero no... es un sueño y lo estoy viviendo.

Voy a dar lo máximo de mí y espero poder adaptarme a mi nuevo trabajo cuanto antes. Seré la mejor muy pronto. Y voy a comenzar por colocar mis cosas en la mesa de la oficina. Ya sé que no son muchas, pero mi agenda es fundamental, y mi portátil y la tablet son imprescindibles. Ya buscaré una foto de mi agrado para ponerla.

Acabo de ver la placa con mi nombre encima de la mesa... Comienzo a sentirme importante de verdad.

Si Izan me viera, alucinaría. ¿Qué? ¿Por qué he pensado eso? ¿Izan? ¿Pero qué me pasa? Ahora no se me va de la cabeza el nombre de ese chico. Tengo mil cosas en que pensar, y mi cabecita loca se pone a recordar a Izan. El cambio de aires me está trastornando. Olvida eso y a trabajar.

Por fin llego a casa. Ha sido un día estresante, pero me gusta, me siento muy viva con mi nuevo trabajo, y me siento muy feliz al ver el apoyo de mi jefa y mis compañeras. No hay duda: aquí voy a ser muy feliz.

¿Globos? ¿Por qué hay globos en mi buzón? También hay una nota. ¿Un español? Vaya, resulta que mi vecino es de España también. Las casualidades también existen. No puedo evitar sonreír. El día está resultando perfecto. Ahora mismo voy a presentarme y a darle un buen abrazo.

Qué lento parece subir el ascensor. Son cuatro plantas de nada y parece que va a echar la tarde entera. ¿Estoy nerviosa? No puede ser...

Mis flores siguen en la puerta. No debe de estar en casa. Bueno, si le oigo llegar salgo a saludarle, y si no, pues mañana habrá otra oportunidad. Antes de entrar en mi apartamento cojo el bolígrafo rojo y añado a la nota un "también". Sonrío ante mi gran ocurrencia.

IZAN

He soñado con la malagueña. ¿Seguro? ¡Sí, sí, he soñado con esa chica! Pero ¿qué diablos me pasa? Estoy en la otra punta del mundo, tengo una vida nueva por delante y no hago más que pensar en la chica de la foto, en una chica del pasado. Y estoy cansado. No debí acostarme tan tarde, hoy voy a estar hecho unos zorros en el trabajo. Y hoy hay mucho por hacer. Tengo que rehacer prácticamente la exposición debido al éxito tan rotundo de ayer. A este paso voy a vender todas mis obras en una semana. Me siento eufórico, tengo la inspiración al mil por mil, necesito un lienzo ahora mismo. No tardaría ni unas horas en dibujarla... ¿Qué? ¿Otra vez? Ahora quiero pintarla a ella. ¡Dios!, no entiendo nada, no se me va de la cabeza. Céntrate. A trabajar.

El día ha ido como la seda, otra gran jornada de ventas. Estoy deseando llegar a casa y ponerme a crear. Estoy tan bien que podría pasarme toda la noche pintando, y por fortuna hoy no hay fiesta que reclame mi presencia. Aunque comienzo a dudar de ello cuando madame Segré se acerca a mí y me dice de forma muy graciosa:

--Do not forget that tomorrow is Halloween. Look for a good costume.

Solo me da tiempo a sonreír y hacerle un guiño. ¿Es que aquí siempre están de fiesta? Ahora en vez de ir a casa y ponerme a pintar tendré que parar en Herald Square y entrar a Macy's a buscar el dichoso disfraz para mañana. En fin, son pequeños sacrificios en pos de un gran éxito. Es la frase que me repito cuando algo comienza a estresarme.

Macy's es enorme, más de lo que jamás había imaginado. ¿Y qué disfraz me pongo mañana? Vampiro, zombi, Izankestein, degollado, Jack... No me gusta disfrazarme, me veo ridículo vestido como un monstruo. Voilà! Este será mi disfraz. Elegante, bastante discreto y con una bonita máscara que me cubre la mitad del rostro. Es perfecto. Mañana por la noche me convertiré en el fantasma de la ópera.

Me voy a casa muy satisfecho. Tengo mi disfraz y lo he conseguido en un tiempo récord; así podré aprovechar para dedicarme a mi arte.

Los globos ya no están. Una risita se me escapa. ¿Estará la vecina en casa? ¡Uf! Cada día me parece más lento este ascensor. Se me hace eterno subir cuatro insignificantes pisos. Pulso el timbre y espero. No se oye nada. Vuelvo a tocar. Nada. ¿Por qué me siento nervioso? Bueno, parece que no hay nadie en casa. En otra ocasión será.

Lienzo preparado. Pinturas preparadas. Paleta lista. Mp3 funcionando y auriculares a toda pastilla. Beethoven es la mejor compañía para que fluya el arte. No importa la hora a la que me vaya a dormir, hoy estoy inspirado.

ARA

¡Joder! ¡Llego tarde otra vez! Toca vestirme a la carrera, maquillarme como buenamente pueda, coger las cosas y salir disparada. Compruebo que las flores ya no están. Me alegro. A ver si cuando vuelva esta noche puedo saludarlo por fin. Vamos, Ara, que llegas tarde. Tendré que salir de nuevo por atrás.

El segundo día y me asignan una entrevista importante. Esto sí que es llegar y besar el santo. Entrevistar nada más y nada menos que al dueño de los almacenes Macy's. La jefa ha sido clara y directa: que me lo coma directamente y que ya que estoy aquí me compre un disfraz para mañana. Lo había olvidado, mañana es Halloween. Pero lo primero es lo primero.

¿Cómo he podido llamar Izan al dueño de Macy's? Pero ¿en qué estaba pensando? ¡Qué vergüenza! Menos mal que, salvo ese pequeño desliz, la entrevista ha sido un éxito; hemos conectado desde el principio y todo ha fluido de tal forma que ha parecido más una charla entre amigos que una entrevista propiamente dicha. Va a quedar genial en el número del mes que viene. No quiero ser vanidosa, pero bordar la primera entrevista que te encargan no lo hace todo el mundo. Me encanta mi trabajo.

Trabajo realizado con sobresaliente. Hora de elegir disfraz. No sé de qué disfrazarme este año, aunque la verdad es que aunque repita de vampira nadie aquí se dará cuenta. Buscaré. No hay prisa. ¿De bruja? ¿O mejor de diablesa? De novia cadáver estaría bastante bien... ¿Zombi? No, de zombi no. ¿Catwoman? ¡Sí! Catwoman sería genial. Presumiré de curvas y la máscara protegerá mi identidad. ¡Decidido! Adoro los disfraces, por unos momentos dejo de ser yo misma para convertirme en otra persona, en otro ser, puedo vivir otras vidas. Desde que he pisado esta ciudad me siento más viva que nunca.

Vaya rutina que he cogido: salgo por la puerta de atrás por las mañanas y entro por la puerta principal por las noches. Me río. ¿Lo normal no sería al revés? Bueno, qué más da. Miro el buzón. Por un momento me siento hasta decepcionada. ¿Estará el vecino? Probaré suerte. ¿Es normal que un ascensor sea tan lento? ¿En España subían tan despacio? La verdad es que no lo recuerdo. Pero ¿por qué quiero subir tan aprisa? Ni que ansiara conocer al vecino. Voy a perder el juicio como siga pensando tantas tonterías. El ascensor es muy lento, desde luego. Me detengo ante su puerta. Toco el timbre. Espero. Vuelvo a tocar. Nada. ¿En qué trabajará? Llega muy tarde por las noches. Toco por última vez. Nadie responde. Otra vez será. Esta vez decido ser previsora y dejo todo preparado para mañana. No me gustaría olvidarme el disfraz; nos iremos directamente desde el trabajo hasta la plaza. Todo ok. A descansar.

IZAN

Me siento extraño. No me gusta disfrazarme. Pero he de reconocer que no me queda tan mal. Parezco todo un caballero. Elegante y formal, muy de época. Todo el mundo en el trabajo está riendo y con unas ganas tremendas de fiesta. Muertos vivientes, Drácula, la señora Addams, un pato. ¿Un pato? ¿Por qué alguien se iba a disfrazar de pato en Halloween? Hay gente para todo, y en este país más aún si cabe. Iré un rato, tomaré algo, charlaré con la gente del trabajo, moveré algo el esqueleto y me iré a casa a pintar. Ese es mi plan.

ARA

¡Divina! ¡Estoy divina! Este disfraz me queda como un guante. Hoy me siento sexy. Neoyorkinos, preparaos, voy a por vosotros. Me río de mí misma. Todo el mundo en la revista está entusiasmado, tanto que incluso vamos a terminar antes la jornada. Una bruja, la niña del exorcista, Freddy, Catwoman y... ¿un conejo? ¿A cuento de qué se disfraza alguien de conejo? Estos yanquis están locos. Me apetece reír, conocer gente, tomarme unos cuantos cócteles y bailar, bailar hasta que estos preciosos zapatos no me dejen dar un paso. Eso quiero.

IZAN

¿Qué mejor que un manhattan para ir entrando en escena? Me encantan, y no puedo dejar de mirar al pato. ¿Un pato? No lo entiendo.

Hasta que la veo. Eso sí que es un disfraz. ¡Madre mía! ¿Por qué no me he disfrazado de Batman? Ya no existe ningún pato. La música se detiene y los aplausos dan paso a una canción lenta. Reconozco la canción: Amo. No recuerdo quién la canta. Mi pensamiento me absorbe un instante, y cuando vuelvo en mí todo el mundo está bailando en pareja. Todos menos yo. Todos menos Catwoman. Hago de tripas corazón, dejo mi cóctel y avanzo hacia la chica de cuero negro. Me está mirando mientras me acerco. Al llegar a ella me inclino en una reverencia y extiendo mi brazo ofreciendo mi mano para pedirle este baile. Su gesto doblando suavemente las rodillas y tomando mis manos es definitivo. No soy capaz de decir ni una palabra, tan solo acerco mi cuerpo al suyo, cojo su cintura con suavidad y dejo que me rodee el cuello con sus brazos y que apoye su cabeza en mi pecho. El ritmo de la canción hace el resto. Me siento muy a gusto.

ARA

No voy a tomar ni un manhattan más. Comienzo a pensar si ese conejo tendrá que ver algo con Alicia. Estoy desvariando.

Los zapatos me están matando, pero no puedo dejar de bailar. Tampoco entiendo por qué tienen que aplaudir al terminar cada canción. Ahora toca una lenta, seguro. ¡No puede ser! ¡Es Amo! ¡Me encanta Axel Fernando! ¿Cómo bailará el conejo? Miro hacia donde estaba y veo que acaba de agarrarse a un pato. ¿Un pato? Yanquis... Cuando vuelvo a mirar veo a todo el mundo con pareja, a todos menos a mí y a un apuesto caballero que se dirige hacia... ¿mí? Pues eso parece, el fantasma de la ópera me ha escogido como su Christine... He de reconocer que es muy apuesto el caballero, y me hace mucha gracia que me haga una reverencia para invitarme a bailar. No digo nada, respondo a la reverencia como he visto en las películas y dejo que ponga sus manos en mi cintura mientras me abrazo a su cuello y dejo posar mi cabeza en su pecho. La música hace que el baile sea intuitivo, pero la verdad es que este fantasma baila muy pero que muy bien... Me siento cómoda.

IZAN

¡Pero qué mala suerte tengo! Con lo bien que iba la noche y tenía que haber un apagón. He perdido a mi gatita y ya no he podido encontrarla. Han desalojado la plaza en un suspiro y no he podido ni preguntarle su nombre. Después de buscar un buen rato me doy por vencido y vuelvo a casa. Eso sí, he visto un conejo. ¡Un conejo! Qué gafe tengo. No tengo suerte en el amor.

¡Diablos! ¡Podría ser más lento este dichoso ascensor! Quiero llegar a casa y meterme en la cama. 4º piso. Las puertas se abren. ¡Por fin!

No puede ser...

ARA

¡Noooo! ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? Soy una gafe. ¿Un apagón? ¿Pero cómo puede haber un apagón en plena fiesta de Halloween? ¡Y para colmo he perdido a mi fantasma! La plaza se ha vaciado en un santiamén y no he sido capaz de encontrar más que al pato. Sí, ¡al pato! Me rindo y busco un taxi para volver a casa, ya no quiero más fiesta.

Me han dado ganas de subir por las escaleras. Seguro que llegaría antes que en el ascensor. Si no fuera porque mis pies no pueden más, me ahorraría esta lentitud. Después de un siglo de subida y una vez enfrente de mi puerta, ahora no encuentro mis llaves. ¡Dios! ¿Pero qué he hecho yo para merecer esto? Aquí están. Suena el ascensor. Me giro y las puertas se abren.

No puede ser...

Frente a frente. El fantasma se queda mirando a la gata, y esta le devuelve la mirada con el mismo gesto de incredulidad. Ambos se quitan las máscaras. La sorpresa es aún mayor cuando se reconocen.

Ahora todo encaja.

Las piezas están en su sitio.

Sobran las palabras.

Izan y Ara se acercan, sonríen, se miran con ojos acristalados y sus labios se unen. Sobra el tiempo, la distancia, los recuerdos. Sobra todo.

El destino está escrito, y al final todas las piezas del puzle encajan.

                                                                             FIN

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