Error de escritor
Nuestros errores al escribir

Error de escritor

"Escribo, luego yerro"


       Equivocarse es algo muy humano, y los escritores no van a ir contracorriente. No hablo en exclusiva de los autores noveles, también los ya consagrados tienen que tener mucho ojo con algunos errores que se cuelan sin darse cuenta, y que en la mayoría de casos son difíciles hasta de encontrar.

       Tampoco me refiero a los errores en ortografía u ortotipografía, porque en este aspecto siempre he sido y seré rotundo: Aquella persona que quiera dedicarse a la escritura, como mínimo antes de hacerlo, debe prepararse y conocer a conciencia las herramientas que va a utilizar. Se podrá escribir mejor o peor, las técnicas narrativas, el estilo, los pormenores de escribir, se aprenden poco a poco y a base de experiencia, talleres, cursos, consejos, y sobre todo, a base de leer, leer y leer aún más; pero saber cuándo una palabra de escribe con b o con v, si lleva h o no, diferenciar el hay, el ahí y el ay, poner una tilde, usar bien los puntos y las comas, eso, debería ser obligatorio para quien pretende sacar una obra al mercado. No obstante, si alguien no quiere, siempre están esos magníficos profesionales que son los correctores (yo reconozco usarlos, y me enorgullezco de mi correctora porque de ella he aprendido y aprendo mucho en cada corrección), ya sea para una, al menos, corrección ortográfica, y si es de estilo, mejor que mejor.

       No me enrollo más, lo que quiero exponer aquí son algunos de los errores más frecuentes que todos cometemos a la hora de escribir nuestra historia. Hace ya tiempo que anoté estos consejos en una servilleta de bar cuando los leí en alguna parte. No estoy seguro, creo recordar que los enumeró en su día el escritor Ricard de la Casa, pero no epodo afirmarlo. De todos modos, creo que son de gran utilidad. Algunos seguro que los reconoceréis, otros a veces son más difíciles de localizar en nuestros escritos.

  • Construir la historia de forma ilógica, que al final el lector diga que no se cree lo que está leyendo y acabe abandonando su lectura. Toda obra debe cimentarse en una realidad lógica, ya se trate del mundo real o de ciencia ficción o la más pura fantasía, pero debe ceñirse a unas reglas que el propio autor debe definir. No vale con sacar en el último momento la llave maestra que solucione todos los problemas.
  • Planear hasta lo más mínimo de la historia. Yo soy de los que me gusta saber cómo empieza, cómo se desarrolla más o menos y cómo creo que va a terminar. Siempre me baso en un esquema previo, pero siempre hay que estar abierto a que las cosas vayan cambiando algo a medida que avanza la historia, y no tener miedo a terminar la obra con un final distinto que el que había programado; a veces esto sólo hace que la obra adolezca de cierta rigidez.
  • Usar el comienzo con el que empezamos la historia. Tal vez sea el perfecto e idóneo, pero no estaría de más el probar con otros inicios diferentes, tal vez nos demos cuenta que hay otros mejores que el que nosotros mismo creíamos. No hay que olvidar que un buen comienzo es fundamental para atrapar al lector desde la primera frase.
  • Desesperarse, el bloqueo o el síndrome del folio en blanco. A veces sólo ocurre por cierta falta de planificación. Es bueno que antes de empezar tengamos un buen esquema con los personajes, las escenas, los conflictos, así siempre sabremos en qué lugar de la historia nos encontramos y si nos hemos desviado demasiado o no. Y si todo esto no funciona, ya sabes, un paseo, un café, un libro, siempre ayudarán a despejar la mente para poder seguir.
  • El derroche de ideas y argumentos, quizás el más típico de los principiantes, cuando hay tantas ideas en la mente y queremos usarlas todas a la vez y en la misma obra. Esto sólo es una prueba de la inseguridad del escritor novel. La mayoría de veces se hace para dar una sensación de complejidad en la trama, pero en la mayoría de ocasiones, es totalmente innecesario.
  • No presentar al protagonista o protagonistas al comienzo. Y me refiero a los primeros párrafos, donde el lector ya busca identificarse con el que va a ser el personaje principal para prestarle la mayor atención posible. Vuelvo a recalcar la importancia del comienzo de una historia: atrapar al lector y mostrarle el personaje principal. Si no lo hacemos así, corremos el riesgo de confundir al lector y hacerle creer que el principal sea algún secundario, por ejemplo. Eso sí, hay que presentarlo de forma natural.
  • El protagonista se vuelve un personaje pasivo, y esto suele pasar porque al imbuirnos tanto en la historia, los personajes parecer cobrar vida propia y a veces algún secundario acaba ganando más protagonismo. Es cuestión de corregirlo, pero claro está, al final está en manos del escritor que esto importe o no, pero no dejará de ser un error en el planteamiento de la historia.
  • Exceso o falta de diálogos. No es fácil dar con la medida justa porque cada historia necesitará de más o de monos, pero son una herramienta muy poderosa a la hora de escribir. Ojo a la hora de usar dialectos en los personajes, hay que asegurarse de que todos los lectores lo entenderán, y no hay que temer el uso del dijo, si bien debe intercalarse con otras palabras que indiquen acciones o sentimientos del personaje.
  • Acabar la historia demasiado rápido. Éste siempre ha sido mi error de principiante. A veces nos pueden tanto las ganas de acabar la obra, que acabamos acelerando demasiado el final, acabando las historias de forma precipitada. La solución está en seguir escribiendo cuando creemos que ya ha terminado, a veces nos llevamos alguna sorpresa.
  • No dejar reposar la historia. Este error va asociado también con las prisas por ver publicada la obra, y lo único que conseguimos es no juzgarla con imparcialidad porque estamos demasiado metidos en ella. De ahí que sea fundamental olvidarse de la historia unas cuantas semanas y después, antes de pensar siquiera en la corrección, leerla como si fueses un mero lector.
  • Corregir en exceso. Aquí ya depende de cómo es cada escritor, pero en muchos casos se vuelve una obsesión y se entra en un bucle de cambios que lo único que consigue al final es que la obra se eternice. Corregir hay que corregir, eso es innegable, pero hay que hacerlo sólo donde sea necesario, y concretar un tiempo definido para hacerlo. La solución es aceptar que toda obra puede mejorarse siempre, y que con el tiempo y la experiencia, evolucionaremos a mejor en las siguientes obras, pero el caso es que hay que parar en algún momento o la historia jamás tendrá fin.

       Espero que al menos os sirva de ayuda. Recordad, este camino es largo y se anda dando un paso tras otro, no valen atajos si se quiere llegar a la meta siendo un escritor de verdad.

       Un abrazo muy fuerte.

                                                                                                                                    Fran cazorla

Deja tu comentario... Será un placer charlar contigo... ¡Gracias!

Comenta, critica, sugiere... Tus impresiones son bienvenidas.